La metamorfosis de Jessi Martínez
Jessi Martínez retratado por David Vera
Llegar a los treinta años suele sentirse como una montaña rusa emocional. Entre la brecha del nombre real —Enrique— y el alter ego creativo por el que todos lo conocen en la industria, Jessi Martínez reflexiona sobre los cambios de etapa en su vida personal, así como del reconocimiento que ha tenido en la industria de la moda nacional.
Para mí, cruzar el umbral de los 30 ha sido un proceso de autoconocimiento: una etapa para entender con claridad quién soy, hacia dónde voy y aprender a fluir con el proceso. Es precisamente desde esta perspectiva de madurez desde donde arranca nuestra conversación sobre moda.
Cristhian Noriega: ¿A qué edad descubriste que esto te gustaba y cómo fue ese proceso? ¿Exactamente qué estudiaste? Porque haces moda, pero estás involucrado en otras ramas del diseño.
Jessi Martínez: No estudié moda, me hubiera encantado pero estudié Mercadotecnia en la UABC. El plan A desde un principio era la moda, pero a mis 18 años identificaba que tener una licenciatura en Diseño de Modas en Tijuana no me iba a dar lo que estaba buscando. Me dejé llevar por lo que decían en aquel momento: que ser artista no es un trabajo redituable. Así que estudié una carrera económico-financiera como Mercadotecnia, sin darme cuenta hasta la mitad de la trayectoria de que al final me vino a dar todo este conocimiento para establecer un negocio: publicidad, branding, capital humano, finanzas, tendencias y comportamiento del consumidor. Me dio la posibilidad de analizar la moda desde el producto, la esencia, la producción y el gasto.
Cristhian Noriega: Tuviste un acercamiento con gente que hace proyectos artísticos a nivel profesional. Ahí fue donde dijiste: «Okey, puedo volver a revisar mi ambición de hacer moda».
Jessi Martínez: Nunca dejé de hacer moda como tal; como freelance hacía lo que podía. Antes de la universidad me tomé un año sabático en el que estudié una carrera técnica de corte y confección en el Instituto Yaneem. Aprendí lo básico, a usar la máquina, etc., aunque honestamente la parte técnica u operativa no me gustó.
Cristhian Noriega: Es algo que escucho de mucha gente a la que le apasiona la moda. ¿Entonces tienes más de 10 años haciendo moda ya formalmente?
Jessi Martínez: Sí, porque mi primera colección la presenté en 2017. Hice casting para Innovamoda, no quedé la primera vez porque mi propuesta tenía demasiado trabajo artesanal —piezas donde me tardé 18 días, tops bordados inspirados en el arte huichol, prendas pintadas, así como materiales orgánicos— uno de los requisitos era que fuera reproducible. Todos mis proyectos universitarios estuvieron orientados a la industria y me aferré. El trabajo en equipo siempre ha sido vital para mí. No lo sé todo ni soy el mejor, pero desde donde estoy, se ha transformado mi visión de hacer moda.
Cristhian Noriega: Si no hay pasión, no sobrevivimos en esto. ¿Cuántos años tardaste en que fuera negocio, en llegar al punto de asentar todo? ¿Dónde y cómo vendes?
Jessi Martínez: Pasaron unos cuatro años para asentarlo. Mi primer canal siempre ha sido Instagram, todo sobre pedido. Mi reciente colección, Renacer, ha sido la más solicitada porque he tenido varios despertares como artista. Al principio me enganchaba con la idea de ser únicamente expresivo sin considerar la venta, pero me sirvió muchísimo para posicionar mi marca personal.
Cristhian Noriega: Cuatro años implica sacrificios personales. Fuiste muy resiliente al apostar por este proyecto de vida. Ya no te defines solo como diseñador de modas, ¿cómo te defines actualmente?
Jessi Martínez: Me interesa crear en general. He diseñado espacios, branding, redes sociales, videos, zapatos, bolsas y storytelling. Mi ingreso ya no depende únicamente de lo que venda con la marca de ropa, sino de proyectos multidisciplinarios que se benefician de la imagen que he construido.
Cristhian Noriega: ¿Cuánto tiempo llevas como maestro y qué representa esta labor para ti?
Jessi Martínez: Desde que salí de la universidad. Me da la posibilidad de conectar. Le doy clases a talentos en diseño integral, artes visuales, interiorismo, mercadotecnia y gastronomía. En cada proyecto profesional voy sumando alumnos; selecciono a quienes veo con potencial para coordinar backstage o fotografía y permitirles vivir el proceso real.


Cristhian Noriega: ¿Cuál es el siguiente paso para la marca?
Jessi Martínez: El plan inmediato es hacer un rebranding porque la marca necesita evolucionar a la par de mis cambios personales. También estamos trabajando en el sitio web para institucionalizar la venta, para no depender solo de Instagram.
Cristhian Noriega: Para cerrar, cuéntanos un poco de tu colección más reciente, Renacer.
Jessi Martínez: Ha sido la mejor colección que he realizado, no solo por el resultado estético sino por el proceso experimental. Durante la pandemia falleció mi hermano y me vi envuelto en un bucle emocional complejo. Como artista, traduzco lo que siento en lo que creo. Por eso entiendo lo que hago más como arte que como moda comercial: me permite comunicar emociones. Renacer me dio la oportunidad de explorar la tristeza como parte de un proceso evolutivo, estructurado como una historia con inicio, desarrollo, desenlace y final.
El trabajo de Jessi Martínez se percibe como una expresión artística, lo que lleva a cuestionar qué lugar ocupa la dimensión económica y en qué punto este tipo de proyectos se vuelven rentables. Al respecto, el diseñador señala que ha sido un proceso de aprendizaje gradual donde es preciso frenar la prisa por lo inmediato para asumir la realidad de las firmas emergentes: competir contra la producción masiva resulta complejo por la percepción del costo, el cual difícilmente se iguala al de una tienda departamental; por ello, la clave radica en educar al mercado, en conectar con un público arriesgado que busca piezas únicas. Esta misma visión auténtica se traslada a su faceta docente, donde inicia el ciclo escolar recurriendo a los X-Men para explicar a sus alumnos que todos son mutantes y que un superpoder no es más que la suma entre un talento personal, el reconocimiento ajeno, pero, sobre todo, el gusto por lo que se hace. Eso demuestra que armar una marca independiente toma su tiempo y requiere mantener la postura, sin cambiar el estilo solo por vender volumen.





