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Cultura

Creatividad con intención: más allá de las cifras

Por Cristhian Noriega
Obra del artista plástico Daniel Felipe Rodríguez (2022)

Obra del artista plástico Daniel Felipe Rodríguez (2022)

Andy Warhol dijo:    

"En el futuro todo el mundo será mundialmente famoso por quince minutos."    

El claro ejemplo es Carla Marañón y Sofía Hamela con sus vlogs: dos chicas normales se mudan a la gran ciudad, trabajan duro un par de años en redes para después estar teniendo una realidad completamente distinta. Todo el entorno influencer lo admite; todos ellos lo agradecen: es gracias a la interacción, a esa atención, así como a la retención de estos mismos, que se volvió realidad el poder cambiar su estilo de vida.    

Pasando al lado no tan positivo de este fenómeno global, como usuario de internet y productor que genera material audiovisual, considero que algo palpable es que es una industria muy poco regulada, con muchos problemas.    

Podemos encontrar estos dilemas dentro de nuestros dispositivos móviles, en los cuales se han demostrado repercusiones negativas en la humanidad. Existen nuevas celebridades que viven de la interacción, los algoritmos, "de crear comunidad". Lo que empieza por redes sociales muchos han sabido traducirlo a lo tangible, un acercamiento entre figura pública y seguidores que trasciende, yendo más allá del monitor.    

Como lo comenta el mismo influencer y personalidad del internet Carlos Peguer:    

"Se ha cambiado la palabra 'fan' por 'comunidad' única y exclusivamente para que los creadores no se sientan unos ególatras. Es una forma de democratizar algo que es completamente vertical: tú estásarriba cobrando y ellos están abajo dándote visualizaciones."    

O en este otro gran momento de su lucidez:    

"Me hace mucha gracia la gente que se llena la boca hablando de 'conectar con su comunidad', pero a la hora de la verdad solo aparecen por historias para encasquetarles un código de descuento de una marca de ropa o para pedirles que compren su libro. Eso no es una comunidad, eso es una base de datos de clientes."    

No puedo evitar preguntarme: ¿Qué nos está pasando colectivamente como sociedad moderna?, ¿por qué necesitamos que nos aplaudan más personas que antes...?, ¿dónde quedó el solo querer fortalecer lazos con la familia, los colegas del trabajo o aquel interés amoroso? No tengo la menor idea, pero parece no hay retorno.    

Estamos en una era en la cual modelos y actores son elegidos en muchos proyectos por el número de seguidores que tienen. ¿Dónde está la magia de una cara fresca para contar relatos de maneras lo suficientemente creíbles? Antes era lo contrario: "eres demasiado popular para contar mi trama", decían los directores. Ya no interesa contar la historia; lo que importa es que mucha gente la vea. Más allá del mensaje o plano sentimental que pueda llegar a tener ese proyecto, el mérito en el arte también se corrompe ante la nueva moneda de intercambio: la popularidad.    

Todo el mundo es creador de contenido actualmente. ¿Cuál es el valor de ese material digital? ¿Estamos hablando de genialidad? No lo creo. Existen obras en formato de video o fotografía digital, realizadas por artistas plásticos, pero no le podemos llamar manifestación superior al "acompáñame a un día conmigo". En este punto ya es contaminación digital.    

El verdadero significado del internet estaba en que antes, con todas sus imperfecciones, funcionaba como un refugio para la gente cool. Quienes teníamos un discurso que encaraba a las firmas tradicionalistas, lo veíamos como el espacio para poder expresarnos libremente, un rincón donde los corporativos no dictaban las reglas. Funcionaba como el canal de difusión de los que carecemos de recursos para mostrar nuestro arte en plataformas o espacios corrompidos por nepotismo o favoritismos.    

Ahora, el grupo de populares está al mando de la escuela nuevamente. Todo tipo de material único o disruptivo va desapareciendo porque los algoritmos censuran lo diferente o lo que no es meramente estético. Porque el entorno digital ahora es un canal de ventas más. Ese es el problema, figuras que jamás han tenido que usar el espacio que solía ser democrático de la red, por necesidad, sino que lo usan por vanidad, por negocios... ¿Qué tiene de democrático recordarte comprar objetos que no necesitas todo el tiempo? Asumiendo que todos tienen que comprar para ser parte del club.    

Hablar de esto es un llamado a la sociedad contemporánea, un recordatorio de que no todos tenemos que ser famosos, campeones de todo, o en efecto creadores de contenido. Si en serio la creación de contenido digital es tu manera de expresarte... necesitamos gente que haga creaciones con personalidad, sin el factor wow, que no sean siempre visuales impresionantes, arte que nos invite a pensar másallá. Para las nuevas generaciones el mensaje es tal vez no hacer nada para la internet, regresar a la materialidad de las cosas; hacerlo para nuestro goce personal y el de la comunidad cercana, no para presumir que lo hicimos en redes. ¿Es una invitación a figuras sin un rumbo fijo para pensar con cuidado en qué parte de lograr sus sueños está una campaña con empresas que destruyen el planeta? Totalmente. 

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