Notas sobre el factor It de Gogo Márquez y el zeitgeist en México
Detrás de cámaras por Cristhian Noriega, Casa 9, CDMX, marzo de 2025.
En septiembre de 1994, las páginas de The New Yorker intentaron poner en palabras un fenómeno que las oficinas comerciales de la moda insistían en ignorar: la existencia de ciertos personajes que alteran la marea cultural simplemente cruzando una calle del East Village. El perfil, firmado por Jay McInerney, buscaba examinar el misterio de una jovencísima Chloë Sevigny y su órbita. Décadas más tarde, las páginas de Nylon (USA) y la irreverencia gráfica de Jalouse París ensayaron la misma prosa frente a Cory Kennedy, aquella criatura de la era MySpace que definió el indie sleaze sin saberlo. Había en ella un desapego total por la aprobación colectiva, un ritmo interior que la prensa celebraba como la máxima expresión de autenticidad.
Hoy, la industria padece una especie de amnesia estética. Hemos olvidado cómo celebrar el zeitgeist con la mística y el rigor de aquellos años, ignorando el valor intrínseco de las socialites de principios de los dos mil que servían de brújula en un mundo sin algoritmos. Los accidentes culturales insisten en repetirse. En el caos de la Ciudad de México, la historia de Gogo Márquez refleja un paralelismo exacto con esos momentos de intensidad donde la moda y la noche se funden en un solo instante.
Él no encaja en la pulcritud artificial de un creador de contenido contemporáneo. Su figura desborda cualquier intento de clasificación formal, puesto que más allá de operar como Vlogger, comediante o referente de moda, posee un aura indescriptible que evoca de manera directa a la mística de Cory Kennedy. Es una fama cimentada bajo los mismos principios: reclamar el centro del zeitgeist —formar parte activa de la cultura contemporánea con una absoluta, casi insultante, nonchalance.
Gogo Márquez para Serena 01.
Hay una honestidad brutal en sus modales que recuerda las crónicas más agudas de Nylon México sobre la juventud urbana. Fuma frente a la pantalla, se rehúsa a la condescendencia de agradar al espectador y vierte comentarios crudos que habitualmente quedarían descartados en cualquier proceso de edición tradicional. Al igual que aquellas figuras míticas, Gogo no se presenta a sí mismo como un referente; en su lugar, ha aprendido a evolucionar a través de la cultura y el internet con una independencia absoluta, sin la menor urgencia de imitar a nadie. No existe réplica alguna para su estilo, nos encontramos frente al nuevo Cory Kennedy de la Ciudad de México. Bajo esa misma línea de influencia, así como ella formaba mi imaginario en aquellos años, él se ha convertido en una inspiración indispensable en mi labor como director editorial de Revista Serena, figurando como motor conceptual de nuestro proyecto.
La curaduría de lo cotidiano
Dentro de Casa9, en la colonia Condesa de Ciudad de México, estábamos retratando a Gogo Márquez para nuestra primera edición y tuvimos la oportunidad de conversar con él; aquí, un fragmento de esa entrevista.
¿Cuál es el ADN de tu estilo?
Me gusta mucho la ropa clásica, pero nunca básica. Siempre busco darle algún pop de alguna forma; siento que eso aplica mucho con mi estilo.
¿Adónde irías con este look de Estudio 1999?
Con este outfit iría a buscar al amor de mi vida, por favor. E iría a cualquier lado; no dejaría de ir a ningún lado porque yo voy a donde quiera, como yo quiera, con la ropa que yo quiera.
¿Cuál es tu fuente principal de inspiración?
Mi fuente principal de inspiración al crear contenido siempre, siempre, siempre es lo ordinario.
Siento que cuando fuerzas tu contenido y haces algo que no va con tu esencia o no es parte de tu rutina, le quitas la magia al proceso.
A little more personal
"No importa si estás haciendo algo mal; mientras la gente no se dé cuenta de que lo haces mal, vas bien". Además de sus tweets, esa es la frase que marca su vida. Una declaración directa: el error solo existe si se descubre.
Cuando busca vacacionar, se inclina por cualquier playa de México, aunque elige definitivamente Zipolite; ese rincón oaxaqueño ajeno al ruido que funciona, ante todo, como su refugio definitivo.
Sweater de ppaayyss y pantalón César Brizegno
¿Cómo encuentras la serenidad en la vida?
Es algo que sigo intentando encontrar.
Pero al darme cuenta de que estoy en el momento correcto, haciendo las cosas correctas con las personas correctas; eso es lo que más me da paz: saber que voy por un buen camino.
¿Qué tesoro, material o emocional, marca hoy tu ritmo de vida?
Las dos cosas más increíbles de mi vida son: mis tragedias y mis amigos.
Mis amigos también son algo increíble en mi vida; son, definitivamente, mi fuente de inspiración. Yo creo que no estaría haciendo lo que estoy haciendo si nunca hubiera conectado con gente así.
¿Por qué las tragedias?
Porque siento que me pasan cosas muy raras.
Situaciones en las que cualquier persona se tiraría al piso a llorar; pero yo me río de ellas. Aprovecho esas tragedias para generar algo, ya sea contenido o comedia.
¿Cuál es el mayor reto al que te enfrentas día a día?
Es perder mi esencia y dejar de ser yo.
Siempre estoy buscando volver a mis orígenes; nunca dejar de ser lo que caracteriza a Gogo.
¿En qué proyectos estás trabajando actualmente?
Mi proyecto principal por el momento definitivamente es mi canal de YouTube. Amo vloguear mi vida. También tengo un canal con mis mejores amigos que se llama Mama's Car, donde hablamos de muchas cosas.
Además, estoy trabajando en mi carrera de actuación para, en un futuro, poder actuar y estar en películas o series... no lo sé.
El factor invisible
¿Qué es, en el fondo, lo que convierte a Gogo Márquez en ese personaje al que las nuevas generaciones anhelan imitar?, ¿es la naturaleza de su estilo de vida? Sí; ¿es para sentir que forman parte de su exclusivo club?, también; pero el fondo del asunto es mucho más magnético, complejo: es ese factor it inexplicable que une a los nombres que construyeron las dinastías de la transgresión estilística. Existe un hilo conductor invisible que ata a Edie Sedgwick bajo la mirada de Warhol en 1965, a Peaches Geldof en el backstage de Glastonbury y a Romina Sacre desafiando la rigidez de las columnas de sociales en México. Todas ellas comparten una misma cualidad: crean cultura.
Gogo se desenvuelve como el insider definitivo de la CDMX, la clase de personaje periférico que escuchó “Boss” de Emjay antes que nadie, un gesto que en la sutil geografía de las tendencias posee un peso específico enorme. Él es the coolest Mexico City insider. La crónica lo registra de fiesta, de viaje, documentando una cotidianidad que se lee divertida porque prescinde del artificio. Pertenece a esa clase de personalidades capaces de trazar tendencias simplemente existiendo, un fenómeno que quedó de manifiesto cuando el baile viral de “Boss” (cuyas sutiles similitudes con “Apple” de Charli XCX resultaban evidentes) comenzó como una simple broma entre amigos y terminó por transformarse en un éxito que alteró el destino comercial de la canción.
Es un recordatorio constante de la importancia de ser uno mismo en una época saturada de réplicas. Frente a este magnetismo, es imposible no interrogarse sobre el alcance de su influencia: ¿cuántos secretos más guardará Gogo?, ¿estará escuchando en este preciso instante nuestra siguiente canción favorita?, ¿se encontrará trabajando de cerca con los diseñadores del futuro?, ¿estará bailando hasta el amanecer con las personalidades de la sociedad creativa que moldearán el destino de nuestra generación? Sí.
Fotografia por Dulce Vázquez
Fotografía: Cristhian Noriega/Dulce Vázquez
Video: Mariana Hernández
Maquillaje: César Brizegno
Realización y estilismo de moda: S Media House
Asistente de estilismo: Eduardo Villaseñor
Moda: estudio 1999, ppaayyss, César Brizegno
Producción: Agárrate Producciones
Asistente de producción: Christopher Naranjo
Locación: Hotel Casa 9 CDMX
Agradecimientos especiales a: Rondo del Valle