La diferencia entre el cansancio físico y la sobrecarga mental
Había días en los que simplemente me sentía agotada; no tenía ni idea de por qué. Llegaba a pensar que solo era estrés: pasaba días de mal humor, sin ganas de hacer nada. Durante un tiempo me la pasé quejándome de lo exhausta que estaba, pero jamás me detuve a buscar el origen real de ese malestar. Con el tiempo empecé a notar cambios en mí, tanto físicos como emocionales, además de ciertos pensamientos repetitivos que no dejaban de darme vueltas en la cabeza. Fue ahí cuando me di cuenta de que le ponemos una etiqueta rápida a lo que nos pasa: “Estoy cansada”, “Estoy estresada” o “Necesito dormir”. Pero casi nunca nos detenemos un segundo a explorar lo que de verdad sentimos por dentro.
Fotografía por Yaz Reve | Estilismo de moda y Dirección Creativa de MaraLove | Modelo: Ileana Méndez | IDENTIDAD 02.
A veces el cansancio no viene de un día lleno de actividades, sino de todo lo que vamos acumulando: preocupaciones, pendientes o situaciones sin procesar que dejamos a un lado solo para poder seguir. Imagínate llegar al final del día pensando: “Estoy agotada, necesito dormir”. Trabajaste, estudiaste, resolviste mil cosas. Por fin te acuestas, pero la mente no para: piensas en una discusión, en las cuentas por pagar o en lo que tienes que hacer mañana.
Al despertar sigues sintiéndote igual: de mal humor, sin energía. Vuelves a decirte: “Necesito descansar”. La realidad es que apagar la mente antes de irte a dormir es clave para recuperarte. Llevas semanas o meses preocupándote, lidiando con mil cosas, guardándote lo que sientes. Aunque físicamente no hayas hecho tanto, emocionalmente estás cargando muchísimo. En ocasiones no estamos cansadas de hacer cosas: estamos cansadas de pensar, de sostener situaciones que nos agotan por dentro.
Esta experiencia me hizo entender que escucharnos es apenas el primer paso; entender la emoción es lo que de verdad nos ayuda a saber qué necesitamos. Hace falta bajar el ritmo, darle un respiro a la mente, hacer una pausa antes de seguir exigiéndonos más. Nuestro bienestar no depende solo de cuántas horas dormimos, sino de cómo procesamos lo que vivimos por dentro.
“No estás cansada físicamente: estás emocionalmente saturada. Has pasado tanto tiempo intentando resolverlo todo, que se te olvidó darte permiso de parar, respirar, recordar que tú también necesitas un descanso.”




