Impresiones de la memoria: Paulina Vega
Un dije oxidado sin cadena. La vieja envoltura de un regalo. Un par de fotos empapadas de recuerdos, pero que poco a poco escapan de la memoria, y la letra escrita de una canción que recitas desde hace unos (muchos) años. Estos objetos sobreviven sin contemplar su utilidad como factor determinante, especialmente por el impacto que tienen y que casi pareciese como si, al resguardarlos, pudiéramos capturar al menos una pequeña parte de todo en lo que estuvieron involucrados.
SOLEDAD, 2018. Por Paulina Vega.
Paulina Vega es una directora de arte y fotógrafa con especial énfasis en el estudio de la imagen y el diseño escenográfico. Con estudios en Artes Visuales por parte de la FAD-UNAM y 13 años de experiencia, ha explorado diversos estilos de fotografía, con hincapié en el retrato, el autorretrato, el bodegón y el documental. Paulina busca explorar lo poético y autorreflexivo en sus obras, donde las palabras, los colores y lo natural son parte de los fragmentos que componen un todo.
“La ventana del silencio (con vista al interior)” es una de las exposiciones de Paulina, donde comparte una introspección hacia malestares, alegrías y, sobre todo, una reconstrucción de sí misma a partir de composiciones donde lo metafórico y conceptual toman presencia. La obra no es lineal; como en los recuerdos, se forma a partir de pensamientos, sensaciones e instantes, haciendo de un “orden” algo disonante.
"LA VENTANA DEL SILENCIO CON VISTA AL INTERIOR (EL SILENCIO TAMBIÉN GUARDA MEMORIA)", 2026.
En "Soledad", un pez betta amarillo se encuentra aislado en una pecera de agua cristalina. Conocidos por la violencia con la cual defienden su territorio, estos peces parecen reflejar una contradicción que habita en todos nosotros: el impulso de aislamiento y la necesidad de coexistir. Así, entre la autonomía y la soledad, la pieza habita.
A través de una carta, una taza, recuerdos y algunas alegorías, "Té para dos" aborda la historia de un
vínculo. La fotografía de uno de los amantes se encuentra dentro de una bolsa de té, dotando cada sorbo de una parte de sí. Después de todo, ¿no es así como habitamos el amor? Embriagándonos poco a poco: una mirada, el sonido de su voz, una caricia, un beso. Todos nosotros fuimos, somos o seremos el “té” de alguien, así como alguien será el nuestro, embelesándonos con cada trago.


Dolor, incomodidad, amor y alegría son algunos de los sentires plasmados en los objetos que componen la exposición y que, aun con su aparente “inmovilidad”, cuentan con rastros, memorias y significado, creando así una representación de los vestigios emocionales de la autora.


Las esquirlas del pasado fragmentan nuestro presente cuando no son atendidas; el arte, de alguna manera, pudiese ser un aliciente y remedio para esas heridas, resignificando o transformándose en las nuevas palabras que estarán escritas en los libros de la historia que nos conforma.


Post de la exposición





