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Pecado, arte e introspección: Jerónimo Graco

Por Marlon Hiroshi —

El artista Jerónimo posa frente a algunas de sus obras vistiendo un abrigo de color rosado y un sombrero ruso de color negro

Jerónimo Graco retratado por Paulina Vega en su estudio de la Ciudad de México vistiendo un abrigo de Palomo Spain para BIMBA Y LOLA | IDENTIDAD 02.

“Estamos condenados a ser libres”, nos decía (parafraseando) el francés Jean-Paul Sartre, y es que si nos ponemos a pensar, cada vez que algo nos oprime, ya sea física o ideológicamente, como que existe un efecto en respuesta. Un codazo, un quejido o una enardecida multitud en la búsqueda de la funa como herramienta canalizadora del malestar social… Eso no lo sé, pero lo que sí sé es que el arte pareciera jugar a favor de esa respuesta, anteponiéndose a cada una de las imposiciones de su época. Muchos pueden ser los ejemplos que se pueden convocar: el muralismo mexicano vs. el caballete, el dadaísmo vs. la barbarie de guerra y caos, etc., etc., pero ¿qué pasa con la actualidad? ¿Qué nos dice el arte de hoy? Para ello, Jerónimo no solo nos contará de su obra, sino también un poco de sí y cómo esto impacta en el arte que crea y que nos busca compartir por medio de performances, galerías y redes sociales.

Jerónimo Graco es un artista, diseñador, stylist y creador visual mexicano que creció en León, Guanajuato. Actualmente también se desempeña como diseñador de producción en la realización de comerciales, vestuarios y videos musicales. Cuenta con obras tales como “Nudos desnudos” y “El infierno”, donde busca explorar, a partir del cuerpo y la vida nocturna, las diferentes facetas del ser humano.

Jerónimo Graco retratado por Paulina Vega para Serena 02.

Marlon: Bueno, Jerónimo, stylist, diseño de producción, comerciales, cine, documental, pintura y más. Es una cartera bastante extensa, me gustaría que me contases cómo comenzó todo.

Jerónimo: Bueno, actualmente tengo 28 años, llegué a la Ciudad de México hace nueve y comencé a pintar desde que tenía 4 o 5 años. Me sacaban del salón y me castigaban pintando con acuarelas. Mi mamá se dio cuenta de que yo me relajaba mucho cuando pintaba, así que empecé a pintar desde que era súper chiquito. Tenía una maestra muy buena que se llamaba Cecilia Córdoba, que me enseñaba historia del arte e historia de México a través del arte. Con el tiempo lo dejé, pero regresé cuando tenía 8 años, hasta los 10.

Marlon: ¡Órale, padrísimo!

Jerónimo: Si, súper chiquito, pero también practiqué muchos deportes, en especial el fútbol, pero poco tiempo después me empezaron a molestar mucho y por eso lo terminé odiando. Decidí dedicarme a la pintura porque mi primer amor siempre fue el cine y el teatro. Para mí, hacer pinturas es como una clase de fotografía con la que cuentas una historia. Gracias a vender todas las pinturas que había hecho, me fui a estudiar a Florencia, en donde de manera más académica aprendí de anatomía e historia del arte, ahí leí “La divina comedia”, la cual sería importante para una de las obras que realizo actualmente. Un año después me regreso a México y me la paso muy mal. Florencia me permitió tener una libertad que no tenía en León.
León, al final del día, es muy conservador; otra vez llego a sentir encierro y, pues procedo a buscar opciones para salirme.

Marlon: Todo un viaje, ¿no?

Jerónimo: No, y espera. Pasa el tiempo, entro a trabajar leyendo guiones, evaluando si tenían potencial o no. Pero entra la pandemia y mi puesto se volvió obsoleto, por lo que me despiden. En esa desesperación empiezo otra vez a pintar en serio. Ya después me fui a vivir a Nueva York cuatro meses, donde vendía mis pinturas en la calle, me la pasaba durmiendo de sillón en sillón... aunque suene contradictorio, fue una época muy feliz que me permitió crear la obra “Nudos desnudos”, a la cual le fue súper bien ya que me empezaban a reconocer con el color azul. Hicimos un video musical para esa misma colección, donde también comenzamos a hacer body paint, poesía, fotos, pintura, todo.
Uno necesita hacer todo, una de esas cosas te da el dinero para que se pueda hacer otro proyecto, que al final del día es tu verdadera pasión, así que esa es la razón por la cual he realizado todos esos trabajos.

Recordando esto, “El infierno” nace por una fiesta: tengo una amiga que estaba con otro amigo en un antro, y alguien les tomó una foto. Yo la veo y me parece hermosa: la luz roja, la posición. Pero la foto comienza el escrutinio social, de que “acabas de cortar”, que esta cosa, que esta otra, no sé qué, bla, bla, bla, bla. Me sentí súper culpable, pero me hizo recordar “La divina comedia”: hay una historia que es como un chisme donde Paolo besa a Francesca; la historia termina en que el esposo los mata a los dos. Fue un chisme muy sonado como por el siglo XIII; Dante los inmortaliza metiéndolos en el círculo de la lujuria. Me sentí como Dante con esa fotografía, con un infierno de chismes, artistas y poetas.
Le pido permiso a mi amiga, me dice que sí y que pinto la escena en donde Dante y Virgilio son testigos del beso, y comencé a decir: “Okay, así se ve la lujuria en un antro. Pero ¿cómo se vería la avaricia o la violencia? ¿Cómo se construye el limbo? ¿Cómo se ve la ira, la gula, etc.?”. Entonces hice 17 pinturas inmensas; me represento a mí mismo como el diablo. En estos lugares conservadores los tatuajes son el diablo, las fiestas son del diablo, ser gay es el diablo, abortar es el diablo. Entonces, ¿qué mejor que representarlo? También con el mito de Prometeo, que se roba el fuego: lo que se roba el diablo es la bola disco, una chispa de luz, el paraíso para estar en el antro.

Jeronimo posa frente a uno de sus cuadros
Total Look BIMBA Y LOLA
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Marlon: Hay varias cosas que me llaman la atención: siento que muchos de los malestares que uno pasa cuando es niño terminan siendo fuentes de resentimiento que, con diferentes actividades, o se aminoran o se encuentra algo que te dé catarsis. Creo que la figura del demonio forma parte importante de nuestra experiencia como humanos porque nos vemos reflejados en ella. ¿Tú crees que tu arte ha sido una “válvula de escape” para esos viejos malestares?

Jerónimo: Es muy catártico, porque también es un performance ser el diablo: ponerse la piel de alguien que fue rechazado, que tiene mucho resentimiento. Por eso es muy catártico decir que soy como él, un pecador... que no estoy solo. Muchos de mis amigos son modelos para representar estos pecados, pero no para castigarlos de alguna manera, sino para encontrar cierta compañía en que, de alguna otra forma, todos somos rechazados. A veces la gente tiene que separar cosas suyas para poder pertenecer; por eso, sentirse el villano puede ser muy catártico, aunque también es duro. Es una energía dura.

Marlon: En tu obra utilizas mucho el tema del cuerpo. Me hace recordar a la obra de William-Adolphe Bouguereau. ¿Tienes alguna inspiración en él?

Jerónimo: Me encanta estudiar el cuerpo, la psique humana. En mi obra utilizo mucho la piel, los sentimientos, la pasión, el exceso. Me es más fácil demostrar estas emociones haciendo uso del cuerpo en general. Me gusta mucho la relación que tenemos con él, por ello también disfruto mucho la danza o el teatro.

Marlon: ¿Y qué pasa después? ¿Qué le espera a tu arte en el porvenir?

Jerónimo: Pues justo creo que toca reinventarse. Yo veo mucho mis colecciones de pintura como si fueran discos. No soy fan de Taylor Swift, pero pues ella tiene estas épocas muy marcadas. Tengo mi etapa azul, que es mucho hablar del agua, de fluir, así como de dejar ir. Era lo que estaba viviendo en ese momento, de quitarme esos nudos y salir del clóset, sentirme libre y moverme de lugar, dejar ir resentimientos. “El infierno” es todo lo contrario, es como reencontrar esas cosas que me seguían hiriendo, esos resentimientos que todavía tenía, así como esas heridas que dejé ir, pero que realmente nunca sané del todo. Bueno, es muy duro ser el diablo.
Lo he estado pintando durante 2 años, entonces amigos han ido, amigos han venido, me he sentido traicionado, he traicionado. Entonces, pues, entrar al espacio de la pintura y recordar todo eso es muy fuerte. Pero todavía no termino, me faltan 3 círculos. Entonces, pues, la próxima etapa son estas ventanas, estas ventanas de estar solo. Yo creo que el diablo es muy solitario. Pero últimamente veo las ventanas de León y las de CDMX, me hacen pensar en lo que he dejado para poder seguir y extrañamente las añoro; tengo dos lienzos que quiero pintar.

Marlon: Sabes, me veo muy identificado contigo. Yo estuve 4 años en Ensenada, Baja California, y ya sabes lo que se dice: “pueblo chico, infierno grande”. Al principio, después de irme, sentí mucho alivio, me di cuenta de las muchas cosas que realmente nunca me gustaron, pero con el tiempo le he dado un segundo aire. A veces la nostalgia me invade y me hace verlo con cierto brillo. “No hay mejor lustrador que el tiempo”, dicen, no lo sé. A veces pensamos que estaríamos mejor sin ciertos momentos en nuestra vida, pero creo que a la larga estos malos ratos nos forman, nos dan carácter y nos guían de alguna manera a caminos que pudimos nunca haber vislumbrado.

Jerónimo: Estoy muy agradecido por todos los lugares que he vivido y toda la gente que he conocido porque me han hecho como soy. Hay mucho trauma, pero creo, como dices, eso te va formando; te da una perspectiva del mundo a veces muy bonita, a veces muy fea. Ciudad de México ha sido increíble conmigo, pero también ha sido muy mala. El mundo de los influencers, la fama o la fiesta, pues también es muy rudo. Convives con el narcotráfico, convives con drogas, convives con exceso, convives con que un día la gente es tu amigo y al otro día no. Durante ese evento somos muy amigables y al otro día me vales madres, que, pues, creciendo en León, tengo amigos hasta hoy en día. Estoy muy agradecido de mi grupo de amigos y de la comunidad cercana en la que crecí. Pueblo chico, infierno grande, una comunidad chiquita en la que todo el mundo se cuida, en la que todo el mundo te conoce y sabe tu historia, para bien y para mal. Entonces, sí, yo le tengo mucho cariño. 

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Jerónimo Graco retratado por Paulina Vega para IDENTIDAD 02.

Camiseta Caballero Azul, Shorts y Suéter BIMBA Y LOLA

Somos lo que hacemos con lo que hicieron de nosotros”, de igual manera, de nuestro compadre Sartre. En una sociedad del hiperconsumo, de estímulos, de tanto ruido, nos convertimos en navajas que apuñalan con sesgos, críticas y recelo. En respuesta, la máscara del pecador cínico, paradójicamente, nos ofrece cierta libertad para actuar con rebeldía astuta, pero nos orilla a un círculo de rencor, soledad y gratificación. Puede que sea parte natural de la existencia humana el recurrir a la máscara de villano para explorar otras facetas nuestras, para encontrar libertad a los órdenes establecidos y las dinámicas tóxicas.

Fotografía y Realización: Paulina Vega
Asistente de Fotografía: EL PATRÓN
Talento: Jerónimo Graco
PR y Estilismo de Moda: Cristhian Noriega, Paulina Vega
Moda: BIMBA Y LOLA, Nacionalíssimo, Caballero Azul
Producción: S Media House 
Asistente de producción: Christopher Naranjo